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EL REINO ESTABLECIÉNDOSE
La guerra, el hambre, la
pestilencia, la angustia de naciones, etc., que podemos ver sobre la tierra,
son precursores del establecimiento del Reino Mesiánico. Por medio del Profeta
dijo Jehová: “Sacudiré todas las naciones; y vendrá el Deseo de todas las
naciones.” (Aggeo 2:7). Y al mismo tiempo que progresa este sacudimiento y
que los monarcas pierden sus coronas y los tronos vienen al suelo, resuenan en
nuestros oídos las palabras del Profeta: “Empero, en los días de aquellos
reyes, el Dios del cielo establecerá un reino que nunca jamás será destruido; y
el Reino no será dejado a otro pueblo, sino que desmenuzará y acabará con todos
aquellos reinos, en tanto que éste permanecerá para siempre.” -Daniel 2:44.
Elías, como ya lo
indicamos, fue un tipo de los seguidores de Cristo, y el Señor lo usó para
prefigurar los sucesos que debían ocurrir al fin del mundo o edad. En
cumplimiento del prototipo, la clase Elías sabía que la guerra venía, y uno de
ellos, el fiel siervo de Dios, Charles T. Russell, basándose en las profecías,
por cuarenta años indicó que vendría en 1914. Jehová no estaba en la guerra
(representada por el viento fuerte), indicando que el Reino de Dios no estaría
por completo establecido. Luego siguió el terremoto, simbólico de revolución
la que ya comenzó en algunas naciones. Luego (71) vendrá la anarquía. Anarquía
significa el desconocimiento de toda ley; algunas clases asumiendo el poder y
autoridad sin habérseles concedido, y causando sufrimientos y angustias
indescriptibles. Tampoco está en ello Dios, pero es un medio para limpiar el
terreno, como acto preparatorio para establecer el Reino. Luego, Elías oyó una voz callada y suave.
Esta voz en un mensaje del Señor. La voz se usa para representar un mensaje o
mensajero. Hace mucho tiempo Dios puso en su Palabra, la Biblia, un mensaje en
beneficio de los que viven en esta angustiosa hora. En todas partes de la
tierra la gente está quejándose. Está confusa y angustiada. Todos se sienten
entristecidos y derraman lágrimas de amargura. Han llegado casi al extremo
limite. Sin embargo, si se pudiera oír una expresión del sincero deseo de su
corazón ahora, sin duda alguna vendría de todos lados de la tierra esta
petición: Désenos un justo gobierno con un sabio gobernante a la cabeza para
que haga cumplir las leyes en provecho de todos; désenos paz en vez de guerra;
désenos abundancia en vez de especuladores voraces; désenos libertad en cambio
de libertinaje; désenos felicidad y vida en vez de sufrimiento y muerte. Y,
del pasado, a nuestros oídos llega la voz callada y suave, diciéndonos que esta
petición será cumplida: “Porque un niño nos ha nacido, un Hijo nos es dado; y
el dominio estará sobre su hombro; y se le darán por nombres, Maravilloso, Consejero, Poderoso Dios,
Padre Eterno, Príncipe de Paz. Del aumento de su dominio y de paz, no habrá fin
sobre el trono de David y sobre su reino, para establecerlo y para sustentarlo
con juicio y justicia, desde ahora y para siempre. ¡El celo de Jehová de los
Ejércitos hará esto!”-Isaías 9:6-7.
EL JUBILEO
Del sistema de jubileos que Dios inauguró
con; Israel, al entenderse, se deriva mucha luz con respecto a los inmediatos
(72) sucesos venideros. Las Escrituras nos indican que mientras Dios tuvo
tratos con el pueblo de Israel, algo más de diez y ocho siglos, lo usó como pueblo típico. Su ley era típica,
prefigurando las mejores y más grandes cosas venideras. Jehová ordenó a Moisés
establecer el sistema de Sábados comenzando con el año que entraron a Canaan,
que fue 1575 años antes del año 1 E.C. (Levítico 25:1-12), y que cada cincuenta
años sería para ellos un año de jubileo. Este se proclamaba en el día diez del
séptimo mes, el día de la expiación. “Santificareis pues el año quincuagésimo,
y proclamareis en la tierra libertad a sus habitantes; Jubileo os será, y os volveréis cada uno
a su posesión, y cada cual tornará a
su parentela.” Otras citas muestran
que habían de guardarse setenta jubileos (Jeremías 25:11; 2 Crónicas 36:17-21).
Un simple cálculo de estos jubileos nos hace arribar al importante hecho que
anotamos en seguida: Setenta
jubileos de 50 años cada uno serian 3500 años. Al comenzar a contarse ese
período 1575 años antes del año 1 Era Cristiana, de necesidad terminaría en el
otoño de 1925, a cuyo tiempo cesa el tipo y debe comenzar un gran prototipo.
¿Qué podremos entonces esperar? En el tipo se llevaba a efecto una plena
restauración; por lo tanto, el gran prototipo debe marcar el comienzo de la
restauración de todas las cosas. Lo más indispensable de entre las cosas que
deben ser restauradas, es la vida a la raza humana, y como quiera que hay
varias citas que sin lugar a duda indican la resurrección de Abraham, Isaac,
Jacob y otros fieles de tiempos antiguos, y que estos gozarían del primer
favor, podemos esperar que el año de
1925 presenciará el regreso de estos fieles, saliendo de la tumba plenamente
restaurados a la perfección humana y constituyéndoseles en representantes
legales, y visibles, del nuevo orden de cosas en la tierra.
Una vez que el Reino Mesiánico sea
establecido, el gran Mesías, compuesto de Jesús y su glorificada Iglesia, (73)
dispensará sobre el mundo las bendiciones por tan largo tiempo esperadas y
deseadas, y las cuales habían rogado que vinieran. Y cuando llegue ese tiempo,
habrá paz en vez, de guerra, como hermosamente lo indica el Profeta: “Mas
sucederá que en los postreros días, el monte de la Casa de Jehová será
establecido como cabeza de los montes, y será ensalzado sobre los collados; y
fluirán a él los pueblos. Pues caminarán muchas naciones diciendo: ¡Venid y
subamos al monte de Jehová, y a la Casa del Dios de Jacob! y El nos enseñará en
cuanto a sus caminos, y nosotros andaremos en sus senderos; porque de Sión
saldrá la ley, y de Jerusalén la palabra de Jehová. Y juzgará entre muchos
pueblos, y reprenderá a fuertes naciones, hasta en tierras lejanas; y ellas
forjarán sus espadas en rejas de arado y sus lanzas en hoces; no levantará
espada nación contra nación, ni aprenderán más la guerra. Y se sentará cada
cual debajo de su parra y debajo de su higuera; y no habrá quien espante:
porque la boca de Jehová de los Ejércitos ha dicho.”-Miqueas 4:1-4.
GOBERNANTES TERRESTRES
Como ya lo hemos indicado, el gran
cielo de jubileos terminará en 1925.
En ese entonces será reconocida la fase terrestre del Reino. El Apóstol
hablo en cl capítulo once de la epístola a los Hebreos menciona una larga
lista de fieles que murieron antes de la crucifixión del Señor y antes de
comenzar la selección de la Iglesia. Estos nunca, pueden ser parte de la clase
celestial; ellos no tenían promesas celestiales; pero Dios tenía preparado
para ellos una buena recompensa. Estos tales serían resucitados como hombres,
perfectos y constituirán los príncipes o gobernantes de la tierra, conforme a
la promesa. (Salmos 45:16; Isaías 32:1; Mateo 8:11). Por lo tanto, podemos confiadamente, esperar que 1925 marcará el
regreso de Abraham, Isaac, Jacob y los fieles (74) Profetas de la antigüedad,
especialmente los nombrados por el Apóstol en Hebreos, capítulo once, y vendrán
a ser perfectos seres humanos.
RECONSTRUCCIÓN
Todos los hombres de Estado en el
mundo, todos los economistas políticos y toda persona pensante, reconocen el
hecho de que las condiciones existentes antes de la guerra han pasado y que un
nuevo orden de cosas tiene que ponerse en boga. Todos ellos reconocen que este
es un período mareando el comienzo de una reconstrucción. La gran dificultad
es que todos estos hombres están ejercitando tan sólo la sabiduría mundana y
han pasado por alto los arreglos divinos. Estamos en verdad en un período de
reconstrucción pero no de unas pocas cosas, sino de todas las cosas. La
reconstrucción no consistirá en poner remiendos a los antiguos y exagües
sistemas, formas y arreglos, sino en el establecimiento de uno nuevo y justo,
bajo el gran gobernante, Cristo Jesús, el Príncipe de Paz. El Apóstol Pedro,
cuando el Pentecostés, hablando bajo inspiración divina, y refiriéndose a ese tiempo, dijo: “¡Arrepentios pues,
y volveos a Dios; para que sean borrados vuestros pecados pues que vendrán
tiempos de refrigerio de la presencia del Señor; y para que El envíe a aquel
Mesías, que antes ha sido designado para vosotros, es decir, Jesús; a quien es
necesario que el cielo reciba (retenga) hasta los tiempos de la restauración de
todas las cosas, de la cual habló Dios por boca de sus santos Profetas que ha
habido desde la antigüedad.”-Hechos 3:19-21.
Al examinarse las
profecías desde Moisés hasta Juan, se pone de manifiesto el hecho de que todos
los Profetas predijeron el tiempo venidero de bendiciones de restitución.
Reconstrucción y restitución son palabras asociadas, se refieren a
restauración, la cual en este texto implica la restauración de todas las cosas
perdidas. La (75) recompensa celestial para la Iglesia no es a la condición
mantenida por el hombre en un principio; es una recompensa mayor, a causa de
su fidelidad al Señor bajo adversas condiciones y circunstancias. Restitución
implica las bendiciones que serán dadas a la humanidad en general conforme al
arreglo o propósito divino, y por lo tanto significa el restaurarla a la vida,
a la libertad y a la felicidad terrena que una vez gozó el perfecto Adán, y que
estaba incluida en la promesa hecha a Abraham. Esta bendición viene al mundo
por medio de la simiente, la clase exaltada y elegida, el Mesías, el Cristo.
Las Escrituras
muestran claramente que ese tiempo de bendición será precedido por un gran
tiempo de angustia. Esta angustia ya está en el mundo. La palabra Miguel, que se usa en el texto
siguiente, quiere decir “quien como Dios,” o representante de Dios, esto es,
Cristo Jesús, el gran capitán de nuestra salvación. Su segunda venida y el
establecimiento de su Reino ha sido la esperanza y el deseo de los cristianos
en los siglos pasados. Refiriéndose a este tiempo, el Profeta Daniel, divinamente
inspirado, escribió: “En aquel tiempo se levantará Miguel, el gran príncipe
que está de parte de los hijos de tu pueblo; y habrá tiempo de angustia cual
nunca ha sido desde que ha habido nación hasta aquel tiempo. Más en aquel
tiempo será librado tu pueblo; y habrá tiempo de angustia cual nunca ha sido
desde que ha habido nación hasta aquel tiempo. Más en aquel tiempo será librado tu pueblo, todos los que fueron
hallados escritos en el libro. También una multitud de dormidos en el polvo de
la tierra despertará; los unos para vida eterna, y los otros para deshonra y
confusión perpetua.”-Daniel 12:1, 2.
MILLONES NUNCA MORIRÁN
Todas las partes del arreglo o
propósito divino deben cumplirse; ni una jota ni una tilde pasarán sin ser
cumplidas. (76) Por lo tanto, todo lo incluido en la promesa divina es
importante. Respondiendo a la pregunta con respecto a las condiciones
existentes al finalizar el mundo, Jesús citó o usó palabras semejantes a las
de Daniel, cuando dijo: “Porque habrá entonces grande tribulación, cual nunca
ha habido desde el principio del mundo hasta entonces, ni nunca más habrá. Y
si no se acortasen aquellos días, ninguna carne podría salvarse; más por causa
de los escogidos, aquellos días serán acortados.” (Mateo 24:21, 22). El muestra
que la angustia sobre el mundo concluiría con un tiempo de tribulación como
nunca se había visto, y que sería el último. Nunca habrá otro. Luego añade que
a causa de los escogidos esos días serán acortados y que mucha carne sería
salva.
Preguntamos: ¿Por qué el Señor
quiere hacer pasar a través de este tiempo de angustia un gran número de gente
librándolos de morir, a menos que desee dispensar sobre ellos una bendición
especial? Teniendo en cuenta que Dios prometió una bendición de restitución a
la condición perdida por Adán, y puesto que estas promesas indican tener su
cumplimiento inmediatamente después de esta angustia, añadido a que la promesa
claramente indica que los elegidos, los que forman la simiente de Abraham
conforme a la promesa, han de ser instrumentos por medio de quienes ha de venir
la bendición, se saca en consecuencia que los vivientes en la tierra al final
de la angustia serán los primeros a quienes se les ofrecerán las bendiciones
de restauración por medio de los elegidos, el Mesías. Por consiguiente se
deduce que los que acepten los términos de la oferta y obedientemente se
sometan a ella, serán restaurados a lo perdido por Adán, a saber, a
la vida, a la libertad y a la felicidad.
El Profeta de Dios
ofrece un testimonio en corroboración: “Y sucederá que en toda la tierra, dice Jehová, dos partes en ella serán
exterminadas, y una tercera parte (77) quedará en ella. Y traeré esta tercera
parte por el fuego, y los acrisolaré como se acrisola la plata, y los probaré
como se prueba el oro; ella clamará a mí, y yo le responderé; diré: ¡Pueblo mío
es! y ella dirá: ¡Jehová es mi Dios! (Zacarías 13:8, 9). Aquí encontramos una
declaración directa de que Dios librará una parte en este tiempo de angustia y
que éstos finalmente serán su pueblo y El será Dios de ellos. Teniendo en
cuenta que un hogar terrestre, vida humana y las bendiciones a ella correspondientes
fue lo perdido por Adán y que esas son las bendiciones que Dios ha prometido
serán restauradas al hombre, podemos entender las palabras del Profeta David
cuando escribió: “Bienaventurado aquel
que piensa en el pobre; en el día malo le libará Jehová. Jehová le guardará, y
le dará vida; será bienaventurado en la tierra. y no le entregarás a la
voluntad de sus enemigos.” (Salmos 41:1, 2). Aquí claramente se específica una
bendición sobre la tierra para aquellos que proceden rectamente en el tiempo
de angustia.
COMO SE PUEDE VIVIR ETERNAMENTE
Los sistemas
eclesiásticos quieren hacer creer a la gente que solamente pueden ser salvos
los que se hacen miembros de una iglesia. La Biblia nunca ha enseñado semejante
doctrina. El Señor nunca organizó los sistemas nominales; la verdadera Iglesia
es solamente un pequeño rebaño, y éstos serán los que han de heredar el reino
celestial; los del mundo recibirán una recompensa terrenal. A la Iglesia dijo Jesús: “No temáis, manada
pequeña, porque al Padre le place daros el reino.” (Lucas 12:32). Pero Jesús
murió no solamente por los que han de ser miembros de su iglesia, sino por todos.
San Juan claramente dijo: “El es la propiciación por nuestros, pecados, y no
solamente por los nuestros, sino por los que todo el mundo.”-1 Juan 2:2.
El Apóstol Pablo
hablando del gran Redentor y de su (78) oficio, dijo: “Más vemos a Jesús coronado de gloria y honra a
causa de la pasión de la muerte; el que (vea la Nota en la Versión Moderna) fue
hecho un poco inferior a los ángeles, para que por la gracia de Dios gustase la muerte por todos. Pues convenía a Aquel
para quien son todas las cosas, y por medio de quien son todas las cosas,
habiendo de llevar muchos hijos a la gloría, hacer perfecto al Autor de su
salvación por medio de los padecimientos.” (Hebreos 2:9, 10). Vemos así que Cristo murió por todos, más
no por unos pocos. El mismo Apóstol dice: “Pues que hay un sólo Dios, y un sólo
Mediador entre Dios y los hombres, el hombre Cristo Jesús, el cual
se dio a si mismo en rescate por todos, de lo que el testimonio había de darse
a sus propias sazones” (o debido tiempo-1 Timoteo 2:5, 6). Por medio de esta cita claramente se ve que
al debido tiempo de Dios toda criatura debe oír el testimonio de lo que Jesús
ha hecho por él, y conocerá el plan de salvación. También dice el Apóstol
Pablo: “El don de Dios es vida eterna, en Jesucristo nuestro Señor.” (Romanos
6:23). No puede haber dádiva o don alguno sin haber quien lo ofrezca y sin
quien lo reciba; tampoco puede llevarse a cabo sin previo conocimiento de ambas
partes. En diferentes palabras, el dador debe hacer una oferta inteligible, y
el que recibe debe enterarse plenamente de la oferta antes de poderla aceptar.
Por lo tanto, sería imposible para la raza humana aceptar la dádiva de vida
eterna antes de serle ofrecida. Les será ofrecida solamente al debido tiempo
de Dios, y el plan de Dios muestra que ese debido tiempo será después de que se
haya desarrollado la simiente y el reino haya sido establecido. Entonces, cada
uno en su orden, será traído al conocimiento de que existe un plan de redención
y de que una oportunidad se les ofrece de aceptar sus condiciones y vivir.
Siendo esencial el conocimiento, tiene que preceder a la recepción de. la
bendición de Dios; dándonos (79) cuenta de ésto, es fácil ver por qué el
Adversario y sus agentes diligentemente han tratado de impedir que la gente
llegue a ese conocimiento de la Verdad. Pero cuando al Reino Mesiánico esté por
completo establecido, se nos informa definitivamente que Satanás será restringido,
para que no engañe por más tiempo a las naciones. (Apocalipsis 20:1-14).
Entonces todos conocerán la verdad y nada servirá de obstáculo para que se
enteren de ella.
UNA PROMESA POSITIVA
A las palabras de
Jesús se les debe dar pleno crédito y valor puesto que El habló como ninguno
otro habló. Sus palabras eran con autoridad, y a su debido tiempo tienen que
ser cumplidas, más no podrán ser cumplidas hasta que llegue ese debido tiempo.
Jesús claramente dijo: “En verdad, en verdad, os digo: Si alguno guardare mis
palabras, no verá jamas la muerte.” (Juan 8:15). Como ya lo indicamos, nadie puede
guardar los dichos de Jesús hasta no oírlos y tener conocimiento de los
propósitos de Dios. A través de la Edad Evangélica solamente los verdaderos
cristianos han tenido tal conocimiento, y todos los que han guardado estas
palabras fielmente hasta el fin, recibirán vida eterna en el plano divino.
(Apocalipsis 2:10). El resto de la humanidad no las han oído y por lo tanto no
han podido guardarlas. Sin embargo, las oirán a su debido tiempo, después del
establecimiento del Reino. Entonces será cuando todo aquel que guarde las
palabras del Señor jamás verá la muerte. Jesús no hubiera hecho esta oferta de
no haber tenido la intención de a su debido tiempo cumplirla al pie de la
letra.
También dijo El:
“Todo aquel que vive y cree en mi, no morirá jamás.” (Juan 11:26).
Daremos crédito a las palabras del Maestro? Entonces, cuando llegue el tiempo
para que el mundo sea lleno de conocimiento, los (80) que crean y se sometan en
absoluta obediencia a los términos, según la positiva declaración del Señor,
nunca morirán. Basados sobre el argumento que hasta aquí hemos presentado,
o sea el de que el viejo orden de cosas, el viejo mundo, está terminando
y siendo hecho a un lado; que el nuevo orden de cosas está siendo introducido,
y que 1925 presenciará la resurrección de los antiguos Patriarcas y Profetas y
el comienzo de la reconstrucción, es razonable la conclusión de que millones
de gente que ahora están en la tierra aún se encontrarán en ella en 1925.
Luego, fundándonos en las promesas presentadas en la Palabra Divina, tenemos
que llegar a la positiva e indisputable conclusión de que millones que ahora
viven no morirán jamás. Por supuesto que esto no significa que todos han de
continuar viviendo, puesto que algunos entonces se negarán a obedecer la ley
divina; pero aquellos que hayan sido malos y se decidan a vivir
piadosamente y obedezcan la justicia, “el tal conseguirá la vida de su alma.
Por lo mismo que considera y se vuelve de todas sus transgresiones que ha
cometido, ciertamente vivirá; no morirá.”-Ezequiel 18:27, 28.
VOLVIENDO A LA JUVENTUD
Jehová en el ejercicio
de su amante misericordia, bondadosamente ha dado muchas ilustraciones y
cuadros del resultado de su gran plan. En el libro de Job nos da un cuadro de
la perfección del hombre, de su caída, de su redención por el gran Rescatador,
y la consiguiente restauración. Cuando lleguen los tiempos de la restauración
sin duda habrán muchos en la tierra que estarán bastante avanzados de edad y
casi listos para la tumba. Pero los que sepan del gran sacrificio de rescate y
que acepten al Rescatador, volverán a los días de su juventud; serán restaurados a la perfección de cuerpo y mente, y para siempre
vivirán en la tierra. Hacemos (81) presentes las palabras del Profeta: “Detiene
(Jehová) su alma (la del hombre) para que no baje al hoyo; y su vida para que
no muera a cuchillo. Asimismo (el hombre) es corregido con dolores sobre su
cama, y con una agitación continua en sus huesos; de modo que su vida aborrece
el pan, y su alma el manjar más delicado. Se consume su carne, de manera que no
se ve, y sus huesos que antes no se veían quedan desnudos. Se acerca pues al
hoyo su alma, y su vida a los que la destruyen.”
Así se nos presenta una vivida
descripción de la moribunda raza humana, individual y colectivamente. Luego el
Profeta muestra como el mensaje de verdad le será presentado al hombre y él se
enterará del gran sacrificio de rescate. Continuando, dice: “Si hubiere junto
a él un mensajero (uno que traiga el mensaje de las buenas nuevas), algún intérprete
(alguno que se las exponga y aclare), uno de entre mil (el Señor proveerá uno
que otro maestro para beneficio de los demás) para hacer presente al hombre su
rectitud (la de Dios, véase Nota en la Versión Moderna), entonces (Dios) se
compadece de él, y dice: Líbrale de descender al hoyo (la tumba; y,
alegremente, dice el hombre:) yo he hallado el rescate. Se le torna la carne
más fresca que la de un niño; vuelve a los días de su juventud.”-Job 33:18-25.
Cuando
Dios expulsó a Adán del Edén, dijo: “Ahora pues, no sea que extienda la mano y
tome también del árbol de la vida, y coma y viva para siempre. Por lo tanto le
echó Jehová Dios del jardín del Edén ..., y colocó frente al jardín del Edén
los querubines, y una espada de fuego que daba vueltas para todos lados, para
guardar el camino del árbol de la vida.” (Génesis 3:22-24). De esta manera la Palabra de Dios muestra
que si Adán hubiera permanecido en el Edén
alimentándose del perfecto fruto producido, hubiese continuado viviendo. La
sentencia que pesaba sobre él se llevó a cabo (82) obligándolo a alimentarse
con alimentos imperfectos. Así que, aparentemente, el alimento perfecto es
indispensable para mantener la vida humana eternamente. Cuando el Reino
Mesiánico se establezca, el gran Mesías hará que el alimento apropiado se
provea.
Y de esta manera, al
comenzar la restauración, una persona de setenta años gradualmente será
restaurada a la condición de buena salud física y balance mental. El Señor le enseñará cómo y que comer, y
algunas otras cosas relacionadas Con su mejor modo de vivir; pero sobre todo,
aprenderá la verdad, qué pensar, y la manera de fijar su atención en las rosas
santas. Y por el gradual proceso de
restauración será ayudado por el Gran Mediador a levantarse, y será restaurado
a los días de su juventud, y nunca verá la muerte.
RESURRECCIÓN
No solamente los que vivan en la
tierra cuando comiencen las bendiciones de restitución tendrán la oportunidad
de gozar de vida, sino que también todos los que han muerto serán despertados y
traídos a ella en su orden, e igualmente gozarán de una oportunidad de ganarla.
Fue Jesús, el gran Maestro, quien declaró: “No os maravilléis de esto, porque
viene la hora en que todos los que están en sus sepulcros oirán su voz, y saldrán.”
(Juan 5:28, 29). San Pablo claramente dice: “Ha de haber
resurrección, así de justos como de injustos.” (Hechos 24:15). En su claro,
convincente y lógico argumento presentado en I Corintios, capítulo 15, San
Pablo concluyentemente prueba que la resurrección de Jesús es una garantía al efecto de que todos los muertos serán despertados y traídos al
conocimiento de la verdad. El mismo Apóstol dice: “Por cuanto
El (Dios) ha determinado un día en que juzgará al mundo en justicia, por
un Varón a quien El ha designado; de lo cual ha dado certeza a todos los
hombres, levantándolo (83) de entre los muertos” (Hechos 17:31); mostrando de
esta manera que durante el Reino del Mesías todos tendrán una excelente
oportunidad para obtener las bendiciones de vida, libertad y felicidad.
Los soldados que fueron a la guerra y
que cayeron en el campo de batalla no han ido al cielo, tampoco al tormento
eterno, según, los credos de la cristiandad quieren hacerlo creer a los
especialmente afectados por su muerte.
No es, verdad tampoco que han puesto a un lado sus cuerpos y se han ido
a volar en el espacio como tratan de hacer creer los espiritistas. Los muertos
están muertos; están en espera de la resurrección; y a su debido tiempo serán
traídos a la vida y devueltos a sus seres queridos, ofreciéndoseles entonces
una plena oportunidad de aceptar los términos del nuevo orden de cosas para
que logren vivir eternamente.
Muchas madres
cariñosas han pasado noches en vela, llorando amargamente a los suyos perdidos
en el campo de batalla. Muchos padres, niños, y amantes, de igual manera se
hallan doblegados de dolor a causa de los grandes sufrimientos que la guerra,
la angustia y la muerte acarrearon sobre la gente.
LA OPORTUNIDAD DEL CLERO
¡Qué oportunidad tan excelente tuvo
y desperdició el clero durante los pasados cinco años de angustia! En vez de
engañar a los que encontraban sobrecogidos de tristeza a causa de la muerte de
seres amados, ¡qué espléndida oportunidad tuvieron de llamar la atención a las
preciosas promesas de la Biblia! Por ejemplo, a una abatida madre han podido
decirle: “Así dice Jehová: “Se oye una voz en Ramá, lamentación y llanto
amargo: es aquel que llora a sus hijos, y rehusa ser consolada acerca de sus
hijos, porque ya no existen. Así dice Jehová: Detén tu voz, para que no siga
en los lamentos, y tus ojos para que no lloren; porque será premiado tu (84)
trabajo, dice Jehová, pues ellos volverán de la tierra del enemigo: de modo que
hay esperanza para tu porvenir, dice
Jehová, y volverán tus hijos a su tierra propia.” (Jeremías 31:15-17). La
tierra del enemigo es la tierra de la muerte, porque la muerte es el gran
enemigo. De allí llamará Dios a todos los que han entrado en esa condición, y
durante su reino destruirá la muerte.-1 Corintios 15:25, 26.
UNA APELACIÓN AL CLERO
No es nuestro
intento el poner al clero en ridículo, sino al contrario, recurrimos a tal
clase con el fin de exhortarla a que cumpla su deber hacia la gente en esta
hora de angustia. Les recordamos que la comisión dada a los seguidores de
Jesús no es la de colectar dinero de otras gentes con el fin de llevar a cabo
sus propósitos. Que su misión no es la de perseguir a otros; pero que su
comisión divina les está claramente señalada por Dios en estas
palabras: “El Espíritu de Jehová el Señor está sobre mí, por cuanto Jehová me
ha ungido para anunciar buenas nuevas a los mansos; me ha enviado para vendar a
los quebrantados de corazón, para proclamar a los cautivos libertad, y a los
aprisionados abertura de cárcel; para consolar a todos los que, lloran; para
comunicar alegría a los que lloran en Sión, dándoles hermosura en lugar de
ceniza, el aceite de gozo en vez de lamentos, y el manto de alabanza en lugar
del espíritu de pesadumbre; para que sean llamados árboles de justicia, plantados
por Jehová mismo, para que El sea glorificado.”-Isaías 61:1-3.
Nunca, como ahora, ha habido un
tiempo más apropiado para confortar a los que lloran. ¿Por qué no comunican a
la gente las hermosas y maravillosas verdades contenidas en la Biblia, capacitándolos
así a mirar más allá de la angustia que aflige a la humanidad, habilitándolos
(85) a apreciar ese día venidero en que vida, libertad y felicidad serán
ofrecidas a la humanidad?
GRAN GOZO VENIDERO
Adán poseía, y
perdió, su vida, su libertad y su felicidad. esto fue lo comprado por Jesús
con su sangre. Al tiempo de su Reino El dará libertad a todos los prisioneros
en la prisión de la muerte y a los que están bajo el dominio del adversario,
estableciendo plena libertad en la tierra, como hermosamente lo declara el
Profeta: “He aquí a mi Siervo, a quien yo sustento, mi Escogido, en quien se
complace mi alma; he puesto mi Espíritu sobre El, y sacará la justicia a las
naciones. No voceará ni alzará su voz, ni la hará oír por las calles; no quebrará
la caña cascada, ni apagará el pabilo que humea; por medio de la verdad sacará
la justicia. No desfallecerá ni se desalentará hasta que establezca justicia en
la tierra; y las islas esperarán en su ley. Así dice el Dios, Jehová, el que
crea los cielos y les da expansión, el que extiende la tierra y sus productos,
el que da aliento a la gente sobre ella: Yo, Jehová, te he llamado en justicia,
y tendré firmemente asida tu mano, y te guardaré; y te pondré por pacto del
pueblo, y por luz de las naciones; para que abras los ojos de los ciegos, y
saques del calabozo a los presos, y de la cárcel a los sen y el gemido!”-Isaías
35:10.
Hemos mostrado
hasta aquí cómo el Señor concederá vida eterna a todos los que fueren
obedientes bajo su glorioso reino. Cuando estos favores están al alcance de la
humanidad, será un día feliz, y ésa no, será una felicidad pasajera. El profeta de Dios contemplando de antemano
ese tiempo escribió: “Y los rescatados de Jehová (toda la raza humana) volverán
(de la condición de esclavitud al pecado y a la muerte), y vendrán a Sión (el
Mesías) con canciones, y regocijo eterno sobre sus (86) cabezas; ¡alegría y
regocijo alcanzarán y huirán el dolor y el
gemido!”-Isa. 35:10.
En esta misma
conexión el Profeta en un lenguaje hermoso describe la tierra, siendo ya una
apropiada habitación para el hombre. El desierto y el yermo florecerán como la
rosa; en el desierto reventarán aguas; la tierra dará su fruto, y todo en la
tierra rendirá alabanza a Dios por el cumplimiento de sus misericordiosas promesas.
Esta es la Edad de Oro de que
hablaron los Profetas, y de la que cantó el Salmista; el privilegio del
estudiante de la Palabra Divina, por medio de la fe, es el de ver que estamos
pisando el dintel de ese dichoso día. ¡Levantemos nuestras cabezas y
regocijémonos! ¡La redención se acerca!
El Mesías, el
Cristo en gloria, constituirá el nuevo e invisible poder, y por eso se designa
en las Escrituras cómo los nuevos cielos. El justo gobierno establecido sobre
la tierra constituirá lo que las Escrituras llaman, la nueva tierra, o sea la
fase terrenal del Reino de Dios. San Pedro indica que, de acuerdo con la
promesa, los fieles esperan esos nuevos
cielos y una tierra nueva en los que mora la justicia.”-2 Pedro 3:13.
GLORIOSO PUNTO CULMINANTE
Cuando Juan el Revelador servia su
sentencia en la isla de Patmos, el Señor le mostró su aprobación y le concedió
una maravillosa visión, la que se registra en las Sagradas Escrituras.
Extasiado, este inspirado testigo del Señor, escribió: “Y vi un cielo nuevo
(un gobierno invisible) y una tierra nueva (una nueva organización social);
porque el primer cielo y la primera tierra (el antiguo orden) han pasado, y el
mar no existe. Y vi la santa ciudad (el Reino del Mesías), la nueva Jerusalén,
descendiendo desde el cielo, desde Dios, preparada como una novia engalanada
para su esposo. Y oí una (87) gran voz del cielo, que decía: ¡He aquí, el
tabernáculo de Dios está con los hombres, y El habitará con ellos, y ellos
serán pueblo suyo, y el mismo Dios con ellos estará como Dios suyo! Y limpiará
toda lágrima de sus ojos; y la muerte no será más; ni habrá más gemido, ni
clamor, ni dolor; porque las cosas de antes han pasado ya. Y Aquel que estaba
sentado sobre el trono, dijo: ¡He aquí
que hago nuevas todas, las cosas! Y dijo: ¡Escríbelo! porque estas palabras son
fieles y verdaderas.”-Apocalipsis 21:1-5.
Nadie puede contradecir esta positiva y
terminante promesa de que durante el Reino Mesiánico la muerte será destruida,
y que el gemido, el clamor y el dolor cesarán; tampoco podrían negar que todos
los obedientes serán restaurados a la vida, a la libertad y a la felicidad. Y
puesto que el antiguo orden está pasando, y el nuevo orden ya está aquí, con
plena seguridad podemos declarar el mensaje de que millones de los que ahora
viven en la tierra tendrán una oportunidad para alcanzar la vida eterna, y los
que obedezcan, nunca morirán sino que serán restaurados y vivirán felices,
disfrutando en la tierra eterno gozo y paz.
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