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Millones Que Ahora Viven No Morirán Jamás

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MILLONES QUE AHORA VIVEN NO MORIRÁN JAMÁS (J.F. Rutherford 1921)

EL REINO ESTABLECIÉNDOSE

            La guerra, el hambre, la pestilencia, la angustia de na­ciones, etc., que podemos ver sobre la tierra, son precur­sores del establecimiento del Reino Mesiánico. Por medio del Profeta dijo Jehová: “Sacudiré todas las na­ciones; y vendrá el Deseo de todas las naciones.” (Ag­geo 2:7). Y al mismo tiempo que progresa este sacu­dimiento y que los monarcas pierden sus coronas y los tronos vienen al suelo, resuenan en nuestros oídos las palabras del Profeta: “Empero, en los días de aquellos reyes, el Dios del cielo establecerá un reino que nunca jamás será destruido; y el Reino no será dejado a otro pueblo, sino que desmenuzará y acabará con todos aquellos reinos, en tanto que éste permanecerá para siempre.” -Daniel 2:44.

            Elías, como ya lo indicamos, fue un tipo de los seguidores de Cristo, y el Señor lo usó para prefigurar los su­cesos que debían ocurrir al fin del mundo o edad. En cumplimiento del prototipo, la clase Elías sabía que la guerra venía, y uno de ellos, el fiel siervo de Dios, Char­les T. Russell, basándose en las profecías, por cuarenta años indicó que vendría en 1914. Jehová no estaba en la guerra (representada por el viento fuerte), indicando que el Reino de Dios no estaría por completo estableci­do. Luego siguió el terremoto, simbólico de revolución la que ya comenzó en algunas naciones. Luego (71) vendrá la anarquía. Anarquía significa el desconocimiento de toda ley; algunas clases asumiendo el poder y autoridad sin habérseles concedido, y causando sufrimien­tos y angustias indescriptibles. Tampoco está en ello Dios, pero es un medio para limpiar el terreno, como ac­to preparatorio para establecer el Reino.   Luego, Elías oyó una voz callada y suave. Esta voz en un mensaje del Señor. La voz se usa para representar un mensaje o mensajero. Hace mucho tiempo Dios puso en su Pa­labra, la Biblia, un mensaje en beneficio de los que viven en esta angustiosa hora. En todas partes de la tierra la gente está quejándose. Está confusa y angustiada. Todos se sienten entristecidos y derraman lágrimas de amargura. Han llegado casi al extremo limite. Sin embargo, si se pudiera oír una expresión del sincero deseo de su corazón ahora, sin duda alguna vendría de todos lados de la tierra esta petición: Désenos un jus­to gobierno con un sabio gobernante a la cabeza para que haga cumplir las leyes en provecho de todos; désenos paz en vez de guerra; désenos abundancia en vez de especuladores voraces; désenos libertad en cambio de li­bertinaje; désenos felicidad y vida en vez de sufrimiento y muerte. Y, del pasado, a nuestros oídos llega la voz callada y suave, diciéndonos que esta petición será cum­plida: “Porque un niño nos ha nacido, un Hijo nos es dado; y el dominio estará sobre su hombro; y se le da­rán  por  nombres,  Maravilloso,  Consejero,  Poderoso Dios, Padre Eterno, Príncipe de Paz. Del aumento de su dominio y de paz, no habrá fin sobre el trono de David y sobre su reino, para establecerlo y para sustentarlo con juicio y justicia, desde ahora y para siempre. ¡El celo de Jehová de los Ejércitos hará esto!”-Isaías 9:6-7.

 

 

 

EL JUBILEO

            Del sistema de jubileos que Dios inauguró con; Israel, al entenderse, se deriva mucha luz con respecto a los inmediatos (72) sucesos venideros. Las Escrituras nos indi­can que mientras Dios tuvo tratos con el pueblo de Israel, algo más de diez y ocho siglos, lo usó como pueblo típico. Su ley era típica, prefigurando las mejores y más grandes cosas venideras. Jehová ordenó a Moisés establecer el sistema de Sábados comenzando con el año que entraron a Canaan, que fue 1575 años antes del año 1 E.C. (Levítico 25:1-12), y que cada cincuenta años sería para ellos un año de jubileo. Este se proclamaba en el día diez del séptimo mes, el día de la expiación. “Santificareis pues el año quincuagésimo, y proclamareis en la tierra libertad a sus habitantes; Jubileo os será, y os volveréis cada uno a su posesión, y cada cual tornará a su parentela.”   Otras citas muestran que habían de guardarse setenta jubileos (Jeremías 25:11; 2 Crónicas 36:17-21). Un simple cálculo de estos jubileos nos hace arribar al importante hecho que anotamos en seguida: Setenta jubileos de 50 años cada uno serian 3500 años. Al comenzar a contarse ese período 1575 años antes del año 1 Era Cristiana, de necesidad terminaría en el otoño de 1925, a cuyo tiempo cesa el tipo y debe comenzar un gran prototipo. ¿Qué podremos entonces esperar? En el tipo se llevaba a efecto una plena restauración; por lo tanto, el gran prototipo debe marcar el comienzo de la restauración de todas las cosas. Lo más indispen­sable de entre las cosas que deben ser restauradas, es la vida a la raza humana, y como quiera que hay varias ci­tas que sin lugar a duda indican la resurrección de Abra­ham, Isaac, Jacob y otros fieles de tiempos antiguos, y que estos gozarían del primer favor, podemos esperar que el año de 1925 presenciará el regreso de estos fieles, saliendo de la tumba plenamente restaurados a la perfec­ción humana y constituyéndoseles en representantes legales, y visibles, del nuevo orden de cosas en la tierra.

            Una vez que el Reino Mesiánico sea establecido, el gran Mesías, compuesto de Jesús y su glorificada Igle­sia, (73) dispensará sobre el mundo las bendiciones por tan largo tiempo esperadas y deseadas, y las cuales habían rogado que vinieran. Y cuando llegue ese tiempo, ha­brá paz en vez, de guerra, como hermosamente lo indica el Profeta: “Mas sucederá que en los postreros días, el monte de la Casa de Jehová será establecido como ca­beza de los montes, y será ensalzado sobre los collados; y fluirán a él los pueblos. Pues caminarán muchas na­ciones diciendo: ¡Venid y subamos al monte de Jehová, y a la Casa del Dios de Jacob! y El nos enseñará en cuanto a sus caminos, y nosotros andaremos en sus sen­deros; porque de Sión saldrá la ley, y de Jerusalén la palabra de Jehová. Y juzgará entre muchos pueblos, y reprenderá a fuertes naciones, hasta en tierras lejanas; y ellas forjarán sus espadas en rejas de arado y sus lan­zas en hoces; no levantará espada nación contra nación, ni aprenderán más la guerra. Y se sentará cada cual debajo de su parra y debajo de su higuera; y no habrá quien espante: porque la boca de Jehová de los Ejércitos ha dicho.”-Miqueas 4:1-4.

 

GOBERNANTES TERRESTRES

            Como ya lo hemos indicado, el gran cielo de jubileos terminará en 1925.   En ese entonces será reconocida la fase terrestre del Reino. El Apóstol hablo en cl capí­tulo once de la epístola a los Hebreos menciona una lar­ga lista de fieles que murieron antes de la crucifixión del Señor y antes de comenzar la selección de la Iglesia. Estos nunca, pueden ser parte de la clase celestial; ellos no tenían promesas celestiales; pero Dios tenía prepa­rado para ellos una buena recompensa. Estos tales serían resucitados como hombres, perfectos y constituirán los príncipes o gobernantes de la tierra, conforme a la promesa. (Salmos 45:16; Isaías 32:1; Mateo 8:11).  Por lo tanto, podemos confiadamente, esperar que 1925 mar­cará el regreso de Abraham, Isaac, Jacob y los fieles (74) Profetas de la antigüedad, especialmente los nombrados por el Apóstol en Hebreos, capítulo once, y vendrán a ser perfectos seres humanos.

 

RECONSTRUCCIÓN

            Todos los hombres de Estado en el mundo, todos los economistas políticos y toda persona pensante, recono­cen el hecho de que las condiciones existentes antes de la guerra han pasado y que un nuevo orden de cosas tiene que ponerse en boga. Todos ellos reconocen que este es un período mareando el comienzo de una recons­trucción. La gran dificultad es que todos estos hom­bres están ejercitando tan sólo la sabiduría mundana y han pasado por alto los arreglos divinos. Estamos en verdad en un período de reconstrucción pero no de unas pocas cosas, sino de todas las cosas. La reconstrucción no consistirá en poner remiendos a los antiguos y exagües sistemas, formas y arreglos, sino en el estable­cimiento de uno nuevo y justo, bajo el gran gobernante, Cristo Jesús, el Príncipe de Paz. El Apóstol Pedro, cuando el Pentecostés, hablando bajo inspiración divina, y refiriéndose a ese tiempo, dijo: “¡Arrepentios pues, y volveos a Dios; para que sean borrados vuestros peca­dos pues que vendrán tiempos de refrigerio de la pre­sencia del Señor; y para que El envíe a aquel Mesías, que antes ha sido designado para vosotros, es decir, Je­sús; a quien es necesario que el cielo reciba (retenga) hasta los tiempos de la restauración de todas las cosas, de la cual habló Dios por boca de sus santos Profetas que ha habido desde la antigüedad.”-Hechos 3:19-21.

         Al examinarse las profecías desde Moisés hasta Juan, se pone de manifiesto el hecho de que todos los Profetas predijeron el tiempo venidero de bendiciones de restitución. Reconstrucción y restitución son palabras asociadas, se refieren a restauración, la cual en este texto implica la restauración de todas las cosas perdidas. La (75) recompensa celestial para la Iglesia no es a la condición mantenida por el hombre en un principio; es una recom­pensa mayor, a causa de su fidelidad al Señor bajo ad­versas condiciones y circunstancias. Restitución implica las bendiciones que serán dadas a la humanidad en general conforme al arreglo o propósito divino, y por lo tanto significa el restaurarla a la vida, a la libertad y a la felicidad terrena que una vez gozó el perfecto Adán, y que estaba incluida en la promesa hecha a Abraham. Esta bendición viene al mundo por medio de la simiente, la clase exaltada y elegida, el Mesías, el Cristo.

            Las Escrituras muestran claramente que ese tiempo de bendición será precedido por un gran tiempo de an­gustia. Esta angustia ya está en el mundo.   La pala­bra Miguel, que se usa en el texto siguiente, quiere de­cir “quien como Dios,” o representante de Dios, esto es, Cristo Jesús, el gran capitán de nuestra salvación. Su segunda venida y el establecimiento de su Reino ha sido la esperanza y el deseo de los cristianos en los siglos pasados. Refiriéndose a este tiempo, el Profeta Daniel, divinamente inspirado, escribió: “En aquel tiem­po se levantará Miguel, el gran príncipe que está de par­te de los hijos de tu pueblo; y habrá tiempo de angus­tia cual nunca ha sido desde que ha habido nación hasta aquel tiempo. Más en aquel tiempo será librado tu pue­blo; y habrá tiempo de angustia cual nunca ha sido desde que ha habido nación hasta aquel tiempo.   Más en aquel tiempo será librado tu pueblo, todos los que fue­ron hallados escritos en el libro. También una multi­tud de dormidos en el polvo de la tierra despertará; los unos para vida eterna, y los otros para deshonra y confusión perpetua.”-Daniel 12:1, 2.

 

MILLONES NUNCA MORIRÁN

            Todas las partes del arreglo o propósito divino deben cumplirse; ni una jota ni una tilde pasarán sin ser cumplidas. (76) Por lo tanto, todo lo incluido en la promesa divina es importante. Respondiendo a la pregunta con respecto a las condiciones existentes al finalizar el mun­do, Jesús citó o usó palabras semejantes a las de Daniel, cuando dijo: “Porque habrá entonces grande tribulación, cual nunca ha habido desde el principio del mundo has­ta entonces, ni nunca más habrá. Y si no se acortasen aquellos días, ninguna carne podría salvarse; más por causa de los escogidos, aquellos días serán acortados.” (Mateo 24:21, 22). El muestra que la angustia sobre el mundo concluiría con un tiempo de tribulación como nunca se había visto, y que sería el último. Nunca ha­brá otro. Luego añade que a causa de los escogidos esos días serán acortados y que mucha carne sería salva.

            Preguntamos: ¿Por qué el Señor quiere hacer pasar a través de este tiempo de angustia un gran número de gente librándolos de morir, a menos que desee dispen­sar sobre ellos una bendición especial? Teniendo en cuenta que Dios prometió una bendición de restitución a la condición perdida por Adán, y puesto que estas promesas indican tener su cumplimiento inmediatamente después de esta angustia, añadido a que la promesa cla­ramente indica que los elegidos, los que forman la si­miente de Abraham conforme a la promesa, han de ser instrumentos por medio de quienes ha de venir la ben­dición, se saca en consecuencia que los vivientes en la tierra al final de la angustia serán los primeros a quie­nes se les ofrecerán las bendiciones de restauración por medio de los elegidos, el Mesías. Por consiguiente se deduce que los que acepten los términos de la oferta y obedientemente se sometan a ella, serán restaurados a lo perdido por Adán, a saber, a la vida, a la libertad y a la felicidad.

         El Profeta de Dios ofrece un testimonio en corrobora­ción: “Y sucederá que en toda la tierra, dice Jehová, dos partes en ella serán exterminadas, y una tercera parte (77) quedará en ella. Y traeré esta tercera parte por el fue­go, y los acrisolaré como se acrisola la plata, y los pro­baré como se prueba el oro; ella clamará a mí, y yo le responderé; diré: ¡Pueblo mío es! y ella dirá: ¡Jehová es mi Dios! (Zacarías 13:8, 9). Aquí encontramos una declaración directa de que Dios librará una parte en este tiempo de angustia y que éstos finalmente serán su pue­blo y El será Dios de ellos. Teniendo en cuenta que un hogar terrestre, vida humana y las bendiciones a ella co­rrespondientes fue lo perdido por Adán y que esas son las bendiciones que Dios ha prometido serán restauradas al hombre, podemos entender las palabras del Profe­ta David cuando escribió:  “Bienaventurado aquel que piensa en el pobre; en el día malo le libará Jehová. Je­hová le guardará, y le dará vida; será bienaventurado en la tierra. y no le entregarás a la voluntad de sus enemi­gos.” (Salmos 41:1, 2). Aquí claramente se específica una bendición sobre la tierra para aquellos que proce­den rectamente en el tiempo de angustia.

 

COMO SE PUEDE VIVIR ETERNAMENTE

         Los sistemas eclesiásticos quieren hacer creer a la gente que solamente pueden ser salvos los que se hacen miembros de una iglesia. La Biblia nunca ha enseñado semejante doctrina. El Señor nunca organizó los sis­temas nominales; la verdadera Iglesia es solamente un pequeño rebaño, y éstos serán los que han de heredar el reino celestial; los del mundo recibirán una recompensa terrenal.   A la Iglesia dijo Jesús: “No temáis, manada pequeña, porque al Padre le place daros el reino.” (Lu­cas 12:32). Pero Jesús murió no solamente por los que han de ser miembros de su iglesia, sino por todos. San Juan claramente dijo: “El es la propiciación por nues­tros, pecados, y no solamente por los nuestros, sino por los que todo el mundo.”-1 Juan 2:2.

            El Apóstol Pablo hablando del gran Redentor y de su (78) oficio, dijo: “Más  vemos a Jesús coronado de gloria y honra a causa de la pasión de la muerte; el que (vea la Nota en la Versión Moderna) fue hecho un poco infe­rior a los ángeles, para que por la gracia de Dios gustase la muerte por todos. Pues convenía a Aquel para quien son todas las cosas, y por medio de quien son todas las cosas, habiendo de llevar muchos hijos a la glo­ría, hacer perfecto al Autor de su salvación por medio de los padecimientos.” (Hebreos 2:9, 10).   Vemos así que Cristo murió por todos, más no por unos pocos. El mismo Apóstol dice: “Pues que hay un sólo Dios, y un sólo Mediador entre Dios y los hombres, el hombre Cris­to Jesús, el cual se dio a si mismo en rescate por todos, de lo que el testimonio había de darse a sus propias sa­zones” (o debido tiempo-1 Timoteo 2:5, 6).  Por medio de esta cita claramente se ve que al debido tiempo de Dios toda criatura debe oír el testimonio de lo que Jesús ha hecho por él, y conocerá el plan de salvación. Tam­bién dice el Apóstol Pablo: “El don de Dios es vida eterna, en Jesucristo nuestro Señor.” (Romanos 6:23). No puede haber dádiva o don alguno sin haber quien lo ofrezca y sin quien lo reciba; tampoco puede llevarse a cabo sin previo conocimiento de ambas partes. En di­ferentes palabras, el dador debe hacer una oferta inteli­gible, y el que recibe debe enterarse plenamente de la ofer­ta antes de poderla aceptar. Por lo tanto, sería impo­sible para la raza humana aceptar la dádiva de vida eter­na antes de serle ofrecida. Les será ofrecida solamen­te al debido tiempo de Dios, y el plan de Dios muestra que ese debido tiempo será después de que se haya de­sarrollado la simiente y el reino haya sido establecido. Entonces, cada uno en su orden, será traído al conocimiento de que existe un plan de redención y de que una oportunidad se les ofrece de aceptar sus condiciones y vi­vir. Siendo esencial el conocimiento, tiene que prece­der a la recepción de. la bendición de Dios; dándonos (79) cuenta de ésto, es fácil ver por qué el Adversario y sus agentes diligentemente han tratado de impedir que la gente llegue a ese conocimiento de la Verdad. Pero cuando al Reino Mesiánico esté por completo estableci­do, se nos informa definitivamente que Satanás será res­tringido, para que no engañe por más tiempo a las na­ciones. (Apocalipsis 20:1-14). Entonces todos conocerán la verdad y nada servirá de obstáculo para que se enteren de ella.

 

UNA PROMESA POSITIVA

         A las palabras de Jesús se les debe dar pleno crédito y valor puesto que El habló como ninguno otro habló. Sus palabras eran con autoridad, y a su debido tiempo tienen que ser cumplidas, más no podrán ser cumplidas hasta que llegue ese debido tiempo. Jesús claramente dijo: “En verdad, en verdad, os digo: Si alguno guar­dare mis palabras, no verá jamas la muerte.” (Juan 8:15). Como ya lo indicamos, nadie puede guardar los dichos de Jesús hasta no oírlos y tener conocimiento de los propósitos de Dios. A través de la Edad Evangélica solamente los verdaderos cristianos han tenido tal cono­cimiento, y todos los que han guardado estas palabras fielmente hasta el fin, recibirán vida eterna en el plano divino. (Apocalipsis 2:10). El resto de la humanidad no las han oído y por lo tanto no han podido guardarlas. Sin embargo, las oirán a su debido tiempo, después del establecimiento del Reino. Entonces será cuando todo aquel que guarde las palabras del Señor jamás verá la muerte. Jesús no hubiera hecho esta oferta de no ha­ber tenido la intención de a su debido tiempo cumplirla al pie de la letra.

         También dijo El: “Todo aquel que vive y cree en mi, no morirá jamás.” (Juan 11:26). Daremos crédito a las palabras del Maestro? Entonces, cuando llegue el tiempo para que el mundo sea lleno de conocimiento, los (80) que crean y se sometan en absoluta obediencia a los términos, según la positiva declaración del Señor, nunca morirán. Basados sobre el argumento que hasta aquí hemos pre­sentado, o sea el de que el viejo orden de cosas, el viejo mundo, está terminando y siendo hecho a un lado; que el nuevo orden de cosas está siendo introducido, y que 1925 presenciará la resurrección de los antiguos Patriarcas y Profetas y el comienzo de la reconstrucción, es ra­zonable la conclusión de que millones de gente que ahora están en la tierra aún se encontrarán en ella en 1925. Luego, fundándonos en las promesas presentadas en la Palabra Divina, tenemos que llegar a la positiva e indis­putable conclusión de que millones que ahora viven no morirán jamás. Por supuesto que esto no significa que todos han de continuar viviendo, puesto que algunos en­tonces se negarán a obedecer la ley divina; pero aque­llos que hayan sido malos y se decidan a vivir piadosa­mente y obedezcan la justicia, “el tal conseguirá la vida de su alma. Por lo mismo que considera y se vuelve de todas sus transgresiones que ha cometido, ciertamen­te vivirá; no morirá.”-Ezequiel 18:27, 28.

 

VOLVIENDO A LA JUVENTUD

       Jehová en el ejercicio de su amante misericordia, bon­dadosamente ha dado muchas ilustraciones y cuadros del resultado de su gran plan. En el libro de Job nos da un cuadro de la perfección del hombre, de su caída, de su redención por el gran Rescatador, y la consiguien­te restauración. Cuando lleguen los tiempos de la res­tauración sin duda habrán muchos en la tierra que esta­rán bastante avanzados de edad y casi listos para la tum­ba. Pero los que sepan del gran sacrificio de rescate y que acepten al Rescatador, volverán a los días de su juventud; serán restaurados a la perfección de cuerpo y mente, y para siempre vivirán en la tierra. Hacemos (81) presentes las palabras del Profeta: “Detiene (Jehová) su alma (la del hombre) para que no baje al hoyo; y su vida para que no muera a cuchillo. Asimismo (el hom­bre) es corregido con dolores sobre su cama, y con una agitación continua en sus huesos; de modo que su vida aborrece el pan, y su alma el manjar más delicado. Se consume su carne, de manera que no se ve, y sus huesos que antes no se veían quedan desnudos. Se acerca pues al hoyo su alma, y su vida a los que la destruyen.”

            Así se nos presenta una vivida descripción de la mori­bunda raza humana, individual y colectivamente. Luego el Profeta muestra como el mensaje de verdad le se­rá presentado al hombre y él se enterará del gran sacrifi­cio de rescate. Continuando, dice: “Si hubiere junto a él un mensajero (uno que traiga el mensaje de las bue­nas nuevas), algún intérprete (alguno que se las expon­ga y aclare), uno de entre mil (el Señor proveerá uno que otro maestro para beneficio de los demás) para hacer presente al hombre su rectitud (la de Dios, véase Nota en la Versión Moderna), entonces (Dios) se compadece de él, y dice: Líbrale de descender al hoyo (la tumba; y, alegremente, dice el hombre:) yo he hallado el resca­te. Se le torna la carne más fresca que la de un niño; vuelve a los días de su juventud.”-Job 33:18-25.

                        Cuando Dios expulsó a Adán del Edén, dijo: “Ahora pues, no sea que extienda la mano y tome también del árbol de la vida, y coma y viva para siempre. Por lo tanto le echó Jehová Dios del jardín del Edén ..., y colocó frente al jardín del Edén los querubines, y una espada de fuego que daba vueltas para todos lados, pa­ra guardar el camino del árbol de la vida.” (Génesis 3:22-24).   De esta manera la Palabra de Dios muestra que si Adán hubiera permanecido en el Edén alimentándose del perfecto fruto producido, hubiese continuado viviendo. La sentencia que pesaba sobre él se llevó a cabo (82) obligándolo a alimentarse con alimentos imperfectos. Así que, aparentemente, el alimento perfecto es indispen­sable para mantener la vida humana eternamente. Cuando el Reino Mesiánico se establezca, el gran Mesías ha­rá que el alimento apropiado se provea.

         Y de esta manera, al comenzar la restauración, una persona de setenta años gradualmente será restaurada a la condición de buena salud física y balance mental.  El Señor le enseñará cómo y que comer, y algunas otras cosas relacionadas Con su mejor modo de vivir; pero so­bre todo, aprenderá la verdad, qué pensar, y la manera de fijar su atención en las rosas santas. Y por el gra­dual proceso de restauración será ayudado por el Gran Mediador a levantarse, y será restaurado a los días de su juventud, y nunca verá la muerte.

 

RESURRECCIÓN

            No solamente los que vivan en la tierra cuando co­miencen las bendiciones de restitución tendrán la opor­tunidad de gozar de vida, sino que también todos los que han muerto serán despertados y traídos a ella en su orden, e igualmente gozarán de una oportunidad de ga­narla. Fue Jesús, el gran Maestro, quien declaró: “No os maravilléis de esto, porque viene la hora en que to­dos los que están en sus sepulcros oirán su voz, y sal­drán.” (Juan 5:28, 29).   San  Pablo claramente dice: “Ha de haber resurrección, así de justos como de injustos.” (Hechos 24:15). En su claro, convincente y lógico argumento presentado en I Corintios, capítulo 15, San Pablo concluyentemente prueba que la resurrección de Jesús es una garantía al efecto de que todos los muer­tos serán despertados y traídos al conocimiento de la verdad. El mismo Apóstol dice: “Por  cuanto  El (Dios) ha determinado un día en que juzgará al mundo en justicia, por un Varón a quien El ha designado; de lo cual ha dado certeza a todos los hombres, levantándolo (83) de entre los muertos” (Hechos 17:31); mostrando de esta manera que durante el Reino del Mesías todos tendrán una excelente oportunidad para obtener las ben­diciones de vida, libertad y felicidad.

         Los soldados que fueron a la guerra y que cayeron en el campo de batalla no han ido al cielo, tampoco al tor­mento eterno, según, los credos de la cristiandad quieren hacerlo creer a los especialmente afectados por su muer­te.   No es, verdad tampoco que han puesto a un lado sus cuerpos y se han ido a volar en el espacio como tratan de hacer creer los espiritistas. Los muertos están muertos; están en espera de la resurrección; y a su debi­do tiempo serán traídos a la vida y devueltos a sus seres queridos, ofreciéndoseles entonces una plena oportu­nidad de aceptar los términos del nuevo orden de cosas para que logren vivir eternamente.

         Muchas madres cariñosas han pasado noches en vela, llorando amargamente a los suyos perdidos en el cam­po de batalla. Muchos padres, niños, y amantes, de igual manera se hallan doblegados de dolor a causa de los grandes sufrimientos que la guerra, la angustia y la muerte acarrearon sobre la gente.

LA OPORTUNIDAD DEL CLERO

            ¡Qué oportunidad tan excelente tuvo y desperdició el clero durante los pasados cinco años de angustia! En vez de engañar a los que encontraban sobrecogidos de tristeza a causa de la muerte de seres amados, ¡qué espléndida oportunidad tuvieron de llamar la atención a las preciosas promesas de la Biblia! Por ejemplo, a una abatida madre han podido decirle: “Así dice Jehová: “Se oye una voz en Ramá, lamentación y llanto amargo: es aquel que llora a sus hijos, y rehusa ser consolada acerca de sus hijos, porque ya no existen. Así dice Je­hová: Detén tu voz, para que no siga en los lamentos, y tus ojos para que no lloren; porque será premiado tu (84) trabajo, dice Jehová, pues ellos volverán de la tierra del enemigo: de modo que hay esperanza para tu porvenir, dice Jehová, y volverán tus hijos a su tierra propia.” (Jeremías 31:15-17). La tierra del enemigo es la tierra de la muerte, porque la muerte es el gran enemigo. De allí llamará Dios a todos los que han entrado en esa con­dición, y durante su reino destruirá la muerte.-1 Corin­tios 15:25, 26.

 

UNA APELACIÓN AL CLERO

            No es nuestro intento el poner al clero en ridículo, sino al contrario, recurrimos a tal clase con el fin de exhortarla a que cumpla su deber hacia la gente en esta hora de angustia. Les recordamos que la comisión da­da a los seguidores de Jesús no es la de colectar dinero de otras gentes con el fin de llevar a cabo sus propósi­tos. Que su misión no es la de perseguir a otros; pero que su comisión divina les está claramente señalada por Dios en estas palabras: “El Espíritu de Jehová el Señor está sobre mí, por cuanto Jehová me ha ungido para anunciar buenas nuevas a los mansos; me ha enviado para vendar a los quebrantados de corazón, para procla­mar a los cautivos libertad, y a los aprisionados abertu­ra de cárcel; para consolar a todos los que, lloran; para comunicar alegría a los que lloran en Sión, dándoles her­mosura en lugar de ceniza, el aceite de gozo en vez de lamentos, y el manto de alabanza en lugar del espíritu de pesadumbre; para que sean llamados árboles de jus­ticia, plantados por Jehová mismo, para que El sea glo­rificado.”-Isaías 61:1-3.

            Nunca, como ahora, ha habido un tiempo más apro­piado para confortar a los que lloran. ¿Por qué no co­munican a la gente las hermosas y maravillosas verda­des contenidas en la Biblia, capacitándolos así a mirar más allá de la angustia que aflige a la humanidad, habilitándolos (85) a apreciar ese día venidero en que vida, liber­tad y felicidad serán ofrecidas a  la humanidad?

 

GRAN GOZO VENIDERO

         Adán poseía, y perdió, su vida, su libertad y su felici­dad. esto fue lo comprado por Jesús con su sangre. Al tiempo de su Reino El dará libertad a todos los pri­sioneros en la prisión de la muerte y a los que están ba­jo el dominio del adversario, estableciendo plena liber­tad en la tierra, como hermosamente lo declara el Profeta: “He aquí a mi Siervo, a quien yo sustento, mi Es­cogido, en quien se complace mi alma; he puesto mi Espíritu sobre El, y sacará la justicia a las naciones. No voceará ni alzará su voz, ni la hará oír por las calles; no quebrará la caña cascada, ni apagará el pabilo que hu­mea; por medio de la verdad sacará la justicia. No desfallecerá ni se desalentará hasta que establezca justicia en la tierra; y las islas esperarán en su ley. Así dice el Dios, Jehová, el que crea los cielos y les da ex­pansión, el que extiende la tierra y sus productos, el que da aliento a la gente sobre ella: Yo, Jehová, te he llamado en justicia, y tendré firmemente asida tu mano, y te guardaré; y te pondré por pacto del pueblo, y por luz de las naciones; para que abras los ojos de los ciegos, y saques del calabozo a los presos, y de la cárcel a los sen y el gemido!”-Isaías 35:10.

            Hemos mostrado hasta aquí cómo el Señor concederá vida eterna a todos los que fueren obedientes bajo su glorioso reino. Cuando estos favores están al alcance de la humanidad, será un día feliz, y ésa no, será una fe­licidad pasajera.   El profeta de Dios contemplando de antemano ese tiempo escribió: “Y los rescatados de Jehová (toda la raza humana) volverán (de la condición de esclavitud al pecado y a la muerte), y vendrán a Sión (el Mesías) con canciones, y regocijo eterno sobre sus (86) cabezas; ¡alegría y regocijo alcanzarán y huirán el dolor y el gemido!”-Isa. 35:10.

            En esta misma conexión el Profeta en un lenguaje hermoso describe la tierra, siendo ya una apropiada habitación para el hombre. El desierto y el yermo flore­cerán como la rosa; en el desierto reventarán aguas; la tierra dará su fruto, y todo en la tierra rendirá alabanza a Dios por el cumplimiento de sus misericordiosas pro­mesas.

            Esta es la Edad de Oro de que hablaron los Profetas, y de la que cantó el Salmista; el privilegio del estudiante de la Palabra Divina, por medio de la fe, es el de ver que estamos pisando el dintel de ese dichoso día. ¡Levantemos nuestras cabezas y regocijémonos! ¡La reden­ción se acerca!

            El Mesías, el Cristo en gloria, constituirá el nuevo e invisible poder, y por eso se designa en las Escrituras cómo los nuevos cielos. El justo gobierno establecido sobre la tierra constituirá lo que las Escrituras llaman, la nueva tierra, o sea la fase terrenal del Reino de Dios. San Pedro indica que, de acuerdo con la promesa, los fieles esperan esos  nuevos cielos y una tierra nueva en los que mora la justicia.”-2 Pedro 3:13.

 

GLORIOSO PUNTO CULMINANTE

         Cuando Juan el Revelador servia su sentencia en la isla de Patmos, el Señor le mostró su aprobación y le concedió una maravillosa visión, la que se registra en las Sagradas Escrituras. Extasiado, este inspirado tes­tigo del Señor, escribió: “Y vi un cielo nuevo (un gobierno invisible) y una tierra nueva (una nueva organización social); porque el primer cielo y la primera tierra (el antiguo orden) han pasado, y el mar no existe. Y vi la santa ciudad (el Reino del Mesías), la nueva Jerusalén, descendiendo desde el cielo, desde Dios, preparada como una novia engalanada para su esposo. Y oí una (87) gran voz del cielo, que decía: ¡He aquí, el tabernáculo de Dios está con los hombres, y El habitará con ellos, y ellos serán pueblo suyo, y el mismo Dios con ellos esta­rá como Dios suyo! Y limpiará toda lágrima de sus ojos; y la muerte no será más; ni habrá más gemido, ni clamor, ni dolor; porque las cosas de antes han pasado ya. Y Aquel que estaba sentado sobre el trono, dijo: ¡He aquí que hago nuevas todas, las cosas! Y dijo: ¡Escríbelo! porque estas palabras son fieles y verdaderas.”-Apocalipsis 21:1-5.

         Nadie puede contradecir esta positiva y terminante promesa de que durante el Reino Mesiánico la muerte será destruida, y que el gemido, el clamor y el dolor cesa­rán; tampoco podrían negar que todos los obedientes serán restaurados a la vida, a la libertad y a la felicidad. Y puesto que el antiguo orden está pasando, y el nuevo orden ya está aquí, con plena seguridad podemos decla­rar el mensaje de que millones de los que ahora viven en la tierra tendrán una oportunidad para alcanzar la vida eterna, y los que obedezcan, nunca morirán sino que serán restaurados y vivirán felices, disfrutando en la tierra eterno gozo y paz.

 

 

 

 

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